Os dejo por aqui un articulo muy interesante escrito por Pepe Miralles por si alguien se lo quiere leer:
PASEAR,
OBSERVAR,
DETENERSE,
ESPERAR
No es fácil conocer todos los usos de un enclave de cruising. Hay que ir
por la mañana, por la tarde y por la noche, en días laborables, festivos y sus
vísperas. Y a la vez observar a qué hora se usa más una zona u otra, porque
no es siempre igual, porque la gente va cambiando de zona según la hora,
la luz, la otra gente o el día. Nunca es igual, aunque se repiten siempre los
mismos trayectos, que van marcando caminos, y se eyacula casi siempre
en los mismos lugares, generalmente los menos visibles, aunque no todo
el mundo tiene la misma percepción sobre lo visible y sobre la intimidad en
un espacio público.
Primera observación (participativa).
Son las diez de la mañana del 27 de septiembre de 2016.
Día soleado. Es Carnatge.
Debajo del pino grande que hay al lado de la casa en ruinas, me encuen-
tro con Tomeu, un hombre de unos sesenta y pico años. Me siento a su
lado para hablar con él y le pregunto si sabe desde hace cuánto tiempo
hay cruising aquí. Me cuenta que desde que dejó de ser cuartel militar
empezó a haber movimiento. Primero por la zona de la playa, ya que hay
algunas calitas muy pequeñas y discretas en las que la gente se colocaba
a tomar el sol en pelotas e incluso se podía follar allí mismo. Después, con
el deterioro de la edificación del cuartel, empezó el tema por esta zona que
rodea la casa y también por la pinada. De esto hace unos veinticinco años.
El ligue se intensificó al cerrar el cine porno que había en Palma. Acude
mucha gente mayor y a todas horas del día.
Tomeu está sentado sobre unas piedras amontonadas debajo de un pino,
leyendo un artículo del periódico. Me dijo que era escultor y que hacía
tallas en piedra. Le pregunté por qué iba a ese lugar y me dijo que era el
lugar más fresco. Que ahí sentado podía leer y mirar quién rondaba por allí.
Le pregunté si era casado y me dijo que era soltero, pero que por este sitio
venían muchos hombres casados buscando lo que en casa no tienen. Me
cuenta que el origen de este topónimo, «Es Carnatge», viene de finales
del siglo XIX. En esa época se construyeron unos edificios destinados al
despiece de animales muertos por enfermedad, de los que solo se aprove-
chaba la piel. Posteriormente, se aplicaba un proceso que convertía todos
los huesos sobrantes de los animales en jabón. Este es el tramo de costa
más grande que queda en el municipio de Palma sin urbanizar.
— Aquí hay rollo desde que los militares dejaron este cuartel. No sé expli-
carte exactamente cómo empezó, pero a mí alguien me contó que aquí
venían hombres a buscar sexo, de eso hace ya muchos años. Yo suelo
PASEAR, OBSERVAR, DETENERSE, ESPERAR Pepe Miralles
151
venir por las mañanas. Si me preguntas por qué vengo aquí, te lo digo
muy claro: tengo sesenta y ocho años y no estoy ya para ir a las discote-
cas o a los bares de Palma. Ya se me pasó el arroz. Tampoco tengo Inter-
net ni me interesa. Suelo venir a pasear y, a veces, consigo hacer algo.
Pero otras me voy igual que he venido. Por las mañanas es distinto que
a otras horas del día. Hay más gente de mi edad. Vienen Llorenç, Ferran,
Arcadio, el de Es Pilari, ese es una buena persona. Es el que mantiene
aseado este lugar, ¿no te has dado cuenta de que está la casa barrida?
Pues es él quien lo hace. Si no fuera por Arcadio, aquí no se podría entrar.
Además, está lleno de escombros, de las partes de los muros y del techo
que se han ido cayendo. Él suele barrer y amontonar los escombros y
retirar los papeles y los condones usados. Pero abajo en el túnel, no sé si
has ido, ahí en ese barranco, debajo de la carretera hay como una espe-
cie de túnel sin salida, allí no baja, ya no tiene las piernas para eso. Hay
un grupo de gente que viene por aquí y que no lo aguantan, tuvieron una
bronca porque Arcadio les llamaba la atención por lo sucios que son y,
desde entonces, ponen pintadas en las paredes diciendo que es un piró-
mano y que pasa droga. La gente es mala y hay que ir con mucho cui-
dado. Pues nos vemos por aquí y charlamos un rato. Yo no estoy casado,
pero los otros que vienen algunos están y otros son viudos. Nosotros
lo hemos tenido más difícil que vosotros. Ahora hay mucha libertad y
podéis hacer más cosas. Antes esto estaba muy mal visto, bueno, tú
también tienes edad ya para saberlo. Yo me siento aquí en esta piedra
y miro cómo pasa el tiempo. No creas, a lo largo de la mañana pasa
mucha gente por aquí. También vienen extranjeros, pero son de los que
viven por El Portichol y por Cala Estancia y S’Arenal. Pues eso, me siento
aquí y veo pasar a la gente. A veces nos juntamos dos o tres y comen-
tamos cosas de la vida, de política, de nuestras familias. Fuera de aquí
no tenemos ningún contacto entre nosotros. Si nos encontramos, que
es raro, nos saludamos como si fuéramos conocidos. Pero aquí sí que
nos paramos a charlar. A veces, si la cosa está muy mal, nos hacemos
algún apaño entre nosotros. A mí me gustan más jóvenes, como tú más
o menos, pero a los jóvenes no les gustamos los mayores. Muchos nos
desprecian cuando nos acercamos e intentamos tocarlos. Algunos son
educados y nos dicen que no les apetece, pero otros te retiran la mano
con fuerza y te ponen cara de perro. Me entristece un poco, pero no estoy
dispuesto a que me afecte mucho. Yo ya he vivido. Hay que aceptar que
somos mayores. Yo veo ahora a todos esos chicos que salen en la tele,
en Operación Triunfo y en Gran Hermano, que son tan guapos. A nosotros
nos ha tocado vivir otra época. Pero yo no renuncio al sexo. Para mí venir
aquí no solo es para hacer sexo. No me voy a ir a un parque en Ciutat para
estar dándoles de comer a las palomas. Esto es como un club. Aquí es
más bonito, ves el mar, los pinos, las rocas y si sale buen día es muy agra-
dable. A veces viene algún chico joven al que le gusta la gente mayor. No
es muy normal, pero recuerdo que el año pasado estuve con un extran-
152
EL LIBRO DE BUEN MOR Sexualidades raras y políticas extrañas
jero muy guapo, alemán, rubio y con un cuerpo muy bonito. Le gustaba
que le dieran. Y la verdad es que lo pasamos muy bien. Hablaba español,
porque venía a la isla desde que era pequeño. Y me dijo que le gustaba
la gente mayor, que le daba morbo. Yo pensaba: «Pues, si te gusta, yo
te hago lo que quieras». Pero no quería besar. Solo tocamientos y follar.
Lo pasé muy bien. Por allá entre los pinos también hay gente, pero casi
nunca voy. Yo aparco y me siento aquí, debajo de este pino. Tampoco
bajo al túnel. Entro a la casa y estoy por alguna de las habitaciones para
ver si ligo. Luego vuelvo a sentarme. Leo el periódico. Paso un buen rato
y a la hora de comer me voy. Suelo comer con mi hermana, que se ha
quedado viuda hace un año. Ella cree que vengo de dar un paseo. Pero
como voy con el coche pues vuelvo enseguida por Vía Cintura. Ella vive
en Pont d’Inca. Luego, por la tarde, ya me voy a mi casa y me entretengo.
Me pongo música, sigo con mis esculturas o leo un poco.
Segunda observación (no obstructiva).
Son las siete de la tarde del 4 de julio de 2017. Día soleado. Es Carnatge.
Si se accede al enclave desde la zona de la casa abandonada y se anda
en dirección sinuosa, manteniendo de alguna manera el mar en paralelo,
se llega a una zona de pinos altos con escasa vegetación baja que hace
que este lugar se convierta en una explanada con una gran capacidad de
vigilancia y control, en la que los cruiseros suelen pasear para observar y
detenerse para esperar.
Hay cuatro hombres de diferentes edades, que van desde los treinta a los
sesenta. Veo que el que parece más joven está sentado sobre unas pie-
dras, mientras que los otros tres se mantienen de pie a cierta distancia y
parece que están reservándose un espacio. El que está más cerca y mejor
posicionado camina lentamente hasta el que está sentado, que, después
de hacerle un gesto de aceptación, comienza a comerle la polla. Acaban
rápido y los cuatro desaparecen apresuradamente de sus posiciones,
todos siguiendo al que iba escupiendo los restos de semen.
Aprovechando que la zona ha quedado de momento vacía, inicio un reco-
rrido para observar los lugares que estaban ocupando las cuatro personas.
En todos ellos me encuentro con piedras amontonadas de forma regular,
de superficie plana, colocadas horizontalmente unas encima de otras.
Algunas están en espacios abiertos y muchas otras en los huecos que hay
dentro de un matorral, tuneado por el roce de los cuerpos que entran y
salen. Decido llamar a estas piedras sillas, también bancos o asientos, que
es la parte del mueble silla donde se apoyan las nalgas.
PASEAR, OBSERVAR, DETENERSE, ESPERAR Pepe Miralles
153
La diversidad tipológica es grande y apenas guardan parecido unas con
otras. Conviven rocas de arenisca, restos de las múltiples canteras que
hay en este enclave de cruising, con escombros de construcción, azulejos,
partes de suelos, baldosas, etcétera. Otros asientos se hacen con ladrillos
de barro o de hormigón.
Curiosamente, cuando no hay nadie en el lugar parecen esculturas de
algún artista flipado por el Land Art o torpes inicios de esta moda nefasta
de amontonar piedras en las playas. Pero no es así. Estos asientos sirven,
entre otras cosas, para poder sobrellevar mejor la espera paciente, que es
una de las virtudes capitales del buen cruisero.
Tercera observación (participativa).
Son las nueve de la noche del 6 de septiembre de 2017.
Ligeramente nublado. Es Carnatge
— La primera vez que vi una silla en el interior de lo que popularmente se
llama «torres orientales» en la playa de Muro y que en realidad son torres
de referencia para tiro de torpedos, cuando la zona se dedicaba a manio-
bras militares, me quedé muerto. Al principio no entendí bien qué hacia
una silla en el pequeño espacio interior de la torre. Si una silla, evidente-
mente, sirve para sentarse, si está en un enclave de cruising y escondida
en el interior de esa torre, entonces… Caí en la cuenta de que alguien la
había puesto allí porque le gustaba comerse pollas sentado. Pensé que
igual era la artrosis en las rodillas lo que había hecho que alguien pensara
en su comodidad a la hora de mamarla. Me parecí cruel con semejante
pensamiento. Pero es cierto que mamarla arrodillado en un suelo de
cemento irregular no es muy agradable. No es raro ver mobiliario en una
playa, por ejemplo. Hay sillas, hamacas, etcétera. Pero ver una silla en un
bosque ya es más sorprendente. Y verla allí en esa construcción era muy,
muy extraño. Una silla, para mí, siempre evoca la ausencia de un cuerpo.
Y en vez de ver una silla, veo un cuerpo sentado. Así que cuando vi esa
silla lo que vi realmente era un hombre sentado que estaba esperando
que alguien le pusiera la polla a la altura de la boca.
(Miquel Ángel, recepcionista de hotel, Alcudia)
Cuando estaba realizando las fotografías para el proyecto www.geogra-
fiasdelmorbo.com no me di cuenta de que en muchos de los lugares que
documentaba, sobre todo en las fábricas, casetas o edificios abandona-
dos que usamos para follar, pero también en los bosques o zonas traseras
de las playas —nunca en los parques públicos regulados—, había algunas
construcciones hechas con piedras amontonadas que estaban allí, casi
sin llamar la atención, como un elemento más del lugar. Fue en el proceso
de edición de las imágenes cuando me di cuenta de que en varios enclaves
se daba esta circunstancia.
Los asientos que me iba encontrando en las imágenes están allí para
sentarse y poder realizar una mamada de manera cómoda. No están en
estos lugares para sentarse a descansar. Tampoco se usan para sentarse
a charlar con los usuarios de estos lugares. No forman grupos, ni círculos
ni líneas. Están todos a cierta distancia unos de otros. Algunos están en
zonas muy visibles. Quien allí se sienta a esperar no va a tener ningún pro-
blema en que lo que ocurra sea compartido visualmente con otros. Sen-
tarse allí indica que ese cuerpo y esa boca están en disposición de uso,
para que los demás vean la acción y se acerquen a participar del festín.
Siempre hay gente que es generosa.
Por el contrario, hay otros asientos que se ubican en lugares más íntimos,
cerrados, privados de las miradas de los paseantes. Un hombre espera
sentado sobre dos ladrillos de hormigón. En una rama de un árbol cuelga
una bolsa de plástico. Por el suelo hay restos de papeles y fundas de con-
dones. Huele fuerte, a meado.
Páginas 156-157:
fotografías para el proyecto
www.geografiasdelmorbo.com
(Pepe Miralles).
Os dejo por aqui un articulo muy interesante escrito por Pepe Miralles por si alguien se lo quiere leer:
PASEAR,
OBSERVAR,
DETENERSE,
ESPERAR
No es fácil conocer todos los usos de un enclave de cruising. Hay que ir
por la mañana, por la tarde y por la noche, en días laborables, festivos y sus
vísperas. Y a la vez observar a qué hora se usa más una zona u otra, porque
no es siempre igual, porque la gente va cambiando de zona según la hora,
la luz, la otra gente o el día. Nunca es igual, aunque se repiten siempre los
mismos trayectos, que van marcando caminos, y se eyacula casi siempre
en los mismos lugares, generalmente los menos visibles, aunque no todo
el mundo tiene la misma percepción sobre lo visible y sobre la intimidad en
un espacio público.
Primera observación (participativa).
Son las diez de la mañana del 27 de septiembre de 2016.
Día soleado. Es Carnatge.
Debajo del pino grande que hay al lado de la casa en ruinas, me encuen-
tro con Tomeu, un hombre de unos sesenta y pico años. Me siento a su
lado para hablar con él y le pregunto si sabe desde hace cuánto tiempo
hay cruising aquí. Me cuenta que desde que dejó de ser cuartel militar
empezó a haber movimiento. Primero por la zona de la playa, ya que hay
algunas calitas muy pequeñas y discretas en las que la gente se colocaba
a tomar el sol en pelotas e incluso se podía follar allí mismo. Después, con
el deterioro de la edificación del cuartel, empezó el tema por esta zona que
rodea la casa y también por la pinada. De esto hace unos veinticinco años.
El ligue se intensificó al cerrar el cine porno que había en Palma. Acude
mucha gente mayor y a todas horas del día.
Tomeu está sentado sobre unas piedras amontonadas debajo de un pino,
leyendo un artículo del periódico. Me dijo que era escultor y que hacía
tallas en piedra. Le pregunté por qué iba a ese lugar y me dijo que era el
lugar más fresco. Que ahí sentado podía leer y mirar quién rondaba por allí.
Le pregunté si era casado y me dijo que era soltero, pero que por este sitio
venían muchos hombres casados buscando lo que en casa no tienen. Me
cuenta que el origen de este topónimo, «Es Carnatge», viene de finales
del siglo XIX. En esa época se construyeron unos edificios destinados al
despiece de animales muertos por enfermedad, de los que solo se aprove-
chaba la piel. Posteriormente, se aplicaba un proceso que convertía todos
los huesos sobrantes de los animales en jabón. Este es el tramo de costa
más grande que queda en el municipio de Palma sin urbanizar.
— Aquí hay rollo desde que los militares dejaron este cuartel. No sé expli-
carte exactamente cómo empezó, pero a mí alguien me contó que aquí
venían hombres a buscar sexo, de eso hace ya muchos años. Yo suelo
PASEAR, OBSERVAR, DETENERSE, ESPERAR Pepe Miralles
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venir por las mañanas. Si me preguntas por qué vengo aquí, te lo digo
muy claro: tengo sesenta y ocho años y no estoy ya para ir a las discote-
cas o a los bares de Palma. Ya se me pasó el arroz. Tampoco tengo Inter-
net ni me interesa. Suelo venir a pasear y, a veces, consigo hacer algo.
Pero otras me voy igual que he venido. Por las mañanas es distinto que
a otras horas del día. Hay más gente de mi edad. Vienen Llorenç, Ferran,
Arcadio, el de Es Pilari, ese es una buena persona. Es el que mantiene
aseado este lugar, ¿no te has dado cuenta de que está la casa barrida?
Pues es él quien lo hace. Si no fuera por Arcadio, aquí no se podría entrar.
Además, está lleno de escombros, de las partes de los muros y del techo
que se han ido cayendo. Él suele barrer y amontonar los escombros y
retirar los papeles y los condones usados. Pero abajo en el túnel, no sé si
has ido, ahí en ese barranco, debajo de la carretera hay como una espe-
cie de túnel sin salida, allí no baja, ya no tiene las piernas para eso. Hay
un grupo de gente que viene por aquí y que no lo aguantan, tuvieron una
bronca porque Arcadio les llamaba la atención por lo sucios que son y,
desde entonces, ponen pintadas en las paredes diciendo que es un piró-
mano y que pasa droga. La gente es mala y hay que ir con mucho cui-
dado. Pues nos vemos por aquí y charlamos un rato. Yo no estoy casado,
pero los otros que vienen algunos están y otros son viudos. Nosotros
lo hemos tenido más difícil que vosotros. Ahora hay mucha libertad y
podéis hacer más cosas. Antes esto estaba muy mal visto, bueno, tú
también tienes edad ya para saberlo. Yo me siento aquí en esta piedra
y miro cómo pasa el tiempo. No creas, a lo largo de la mañana pasa
mucha gente por aquí. También vienen extranjeros, pero son de los que
viven por El Portichol y por Cala Estancia y S’Arenal. Pues eso, me siento
aquí y veo pasar a la gente. A veces nos juntamos dos o tres y comen-
tamos cosas de la vida, de política, de nuestras familias. Fuera de aquí
no tenemos ningún contacto entre nosotros. Si nos encontramos, que
es raro, nos saludamos como si fuéramos conocidos. Pero aquí sí que
nos paramos a charlar. A veces, si la cosa está muy mal, nos hacemos
algún apaño entre nosotros. A mí me gustan más jóvenes, como tú más
o menos, pero a los jóvenes no les gustamos los mayores. Muchos nos
desprecian cuando nos acercamos e intentamos tocarlos. Algunos son
educados y nos dicen que no les apetece, pero otros te retiran la mano
con fuerza y te ponen cara de perro. Me entristece un poco, pero no estoy
dispuesto a que me afecte mucho. Yo ya he vivido. Hay que aceptar que
somos mayores. Yo veo ahora a todos esos chicos que salen en la tele,
en Operación Triunfo y en Gran Hermano, que son tan guapos. A nosotros
nos ha tocado vivir otra época. Pero yo no renuncio al sexo. Para mí venir
aquí no solo es para hacer sexo. No me voy a ir a un parque en Ciutat para
estar dándoles de comer a las palomas. Esto es como un club. Aquí es
más bonito, ves el mar, los pinos, las rocas y si sale buen día es muy agra-
dable. A veces viene algún chico joven al que le gusta la gente mayor. No
es muy normal, pero recuerdo que el año pasado estuve con un extran-
152
EL LIBRO DE BUEN MOR Sexualidades raras y políticas extrañas
jero muy guapo, alemán, rubio y con un cuerpo muy bonito. Le gustaba
que le dieran. Y la verdad es que lo pasamos muy bien. Hablaba español,
porque venía a la isla desde que era pequeño. Y me dijo que le gustaba
la gente mayor, que le daba morbo. Yo pensaba: «Pues, si te gusta, yo
te hago lo que quieras». Pero no quería besar. Solo tocamientos y follar.
Lo pasé muy bien. Por allá entre los pinos también hay gente, pero casi
nunca voy. Yo aparco y me siento aquí, debajo de este pino. Tampoco
bajo al túnel. Entro a la casa y estoy por alguna de las habitaciones para
ver si ligo. Luego vuelvo a sentarme. Leo el periódico. Paso un buen rato
y a la hora de comer me voy. Suelo comer con mi hermana, que se ha
quedado viuda hace un año. Ella cree que vengo de dar un paseo. Pero
como voy con el coche pues vuelvo enseguida por Vía Cintura. Ella vive
en Pont d’Inca. Luego, por la tarde, ya me voy a mi casa y me entretengo.
Me pongo música, sigo con mis esculturas o leo un poco.
Segunda observación (no obstructiva).
Son las siete de la tarde del 4 de julio de 2017. Día soleado. Es Carnatge.
Si se accede al enclave desde la zona de la casa abandonada y se anda
en dirección sinuosa, manteniendo de alguna manera el mar en paralelo,
se llega a una zona de pinos altos con escasa vegetación baja que hace
que este lugar se convierta en una explanada con una gran capacidad de
vigilancia y control, en la que los cruiseros suelen pasear para observar y
detenerse para esperar.
Hay cuatro hombres de diferentes edades, que van desde los treinta a los
sesenta. Veo que el que parece más joven está sentado sobre unas pie-
dras, mientras que los otros tres se mantienen de pie a cierta distancia y
parece que están reservándose un espacio. El que está más cerca y mejor
posicionado camina lentamente hasta el que está sentado, que, después
de hacerle un gesto de aceptación, comienza a comerle la polla. Acaban
rápido y los cuatro desaparecen apresuradamente de sus posiciones,
todos siguiendo al que iba escupiendo los restos de semen.
Aprovechando que la zona ha quedado de momento vacía, inicio un reco-
rrido para observar los lugares que estaban ocupando las cuatro personas.
En todos ellos me encuentro con piedras amontonadas de forma regular,
de superficie plana, colocadas horizontalmente unas encima de otras.
Algunas están en espacios abiertos y muchas otras en los huecos que hay
dentro de un matorral, tuneado por el roce de los cuerpos que entran y
salen. Decido llamar a estas piedras sillas, también bancos o asientos, que
es la parte del mueble silla donde se apoyan las nalgas.
PASEAR, OBSERVAR, DETENERSE, ESPERAR Pepe Miralles
153
La diversidad tipológica es grande y apenas guardan parecido unas con
otras. Conviven rocas de arenisca, restos de las múltiples canteras que
hay en este enclave de cruising, con escombros de construcción, azulejos,
partes de suelos, baldosas, etcétera. Otros asientos se hacen con ladrillos
de barro o de hormigón.
Curiosamente, cuando no hay nadie en el lugar parecen esculturas de
algún artista flipado por el Land Art o torpes inicios de esta moda nefasta
de amontonar piedras en las playas. Pero no es así. Estos asientos sirven,
entre otras cosas, para poder sobrellevar mejor la espera paciente, que es
una de las virtudes capitales del buen cruisero.
Tercera observación (participativa).
Son las nueve de la noche del 6 de septiembre de 2017.
Ligeramente nublado. Es Carnatge
— La primera vez que vi una silla en el interior de lo que popularmente se
llama «torres orientales» en la playa de Muro y que en realidad son torres
de referencia para tiro de torpedos, cuando la zona se dedicaba a manio-
bras militares, me quedé muerto. Al principio no entendí bien qué hacia
una silla en el pequeño espacio interior de la torre. Si una silla, evidente-
mente, sirve para sentarse, si está en un enclave de cruising y escondida
en el interior de esa torre, entonces… Caí en la cuenta de que alguien la
había puesto allí porque le gustaba comerse pollas sentado. Pensé que
igual era la artrosis en las rodillas lo que había hecho que alguien pensara
en su comodidad a la hora de mamarla. Me parecí cruel con semejante
pensamiento. Pero es cierto que mamarla arrodillado en un suelo de
cemento irregular no es muy agradable. No es raro ver mobiliario en una
playa, por ejemplo. Hay sillas, hamacas, etcétera. Pero ver una silla en un
bosque ya es más sorprendente. Y verla allí en esa construcción era muy,
muy extraño. Una silla, para mí, siempre evoca la ausencia de un cuerpo.
Y en vez de ver una silla, veo un cuerpo sentado. Así que cuando vi esa
silla lo que vi realmente era un hombre sentado que estaba esperando
que alguien le pusiera la polla a la altura de la boca.
(Miquel Ángel, recepcionista de hotel, Alcudia)
Cuando estaba realizando las fotografías para el proyecto www.geogra-
fiasdelmorbo.com no me di cuenta de que en muchos de los lugares que
documentaba, sobre todo en las fábricas, casetas o edificios abandona-
dos que usamos para follar, pero también en los bosques o zonas traseras
de las playas —nunca en los parques públicos regulados—, había algunas
construcciones hechas con piedras amontonadas que estaban allí, casi
sin llamar la atención, como un elemento más del lugar. Fue en el proceso
de edición de las imágenes cuando me di cuenta de que en varios enclaves
se daba esta circunstancia.
Los asientos que me iba encontrando en las imágenes están allí para
sentarse y poder realizar una mamada de manera cómoda. No están en
estos lugares para sentarse a descansar. Tampoco se usan para sentarse
a charlar con los usuarios de estos lugares. No forman grupos, ni círculos
ni líneas. Están todos a cierta distancia unos de otros. Algunos están en
zonas muy visibles. Quien allí se sienta a esperar no va a tener ningún pro-
blema en que lo que ocurra sea compartido visualmente con otros. Sen-
tarse allí indica que ese cuerpo y esa boca están en disposición de uso,
para que los demás vean la acción y se acerquen a participar del festín.
Siempre hay gente que es generosa.
Por el contrario, hay otros asientos que se ubican en lugares más íntimos,
cerrados, privados de las miradas de los paseantes. Un hombre espera
sentado sobre dos ladrillos de hormigón. En una rama de un árbol cuelga
una bolsa de plástico. Por el suelo hay restos de papeles y fundas de con-
dones. Huele fuerte, a meado.
Páginas 156-157:
fotografías para el proyecto
www.geografiasdelmorbo.com
(Pepe Miralles).